Marie Claire | Decíle chau a las dietas y amigate con la alimentación saludable

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Bajar de peso es uno de los propósitos más buscados, igual de común que es recurrir a una dieta exprés o milagrosa para intentar deshacernos de los kilos. Sin embargo, una actitud más positiva (y saludable) es apostar por un cambio total en los hábitos de alimentación, además de mantenerlo en el tiempo de forman constante. Y es que, mientras que las dietas restrictivas reportarán resultados rápidos a corto plazo, cambiar el chip hacia una alimentación más saludable mejorará nuestro estado de salud y nos hará sentir mejor a largo plazo.

Apostar por dietas estrictas, sino se tiene una fuerte motivación, puede suponer el abandono y un bajo estado de ánimo. La nutricionista española Beatriz Corral, propone abrazar una alimentación equilibrada y saludable sin renunciar al sabor. No se necesita mucho esfuerzo para convertir el menú diario en saludable y, junto con la consecuente pérdida de peso, ganaremos en salud para la totalidad del organismo. También podemos llevar un registro de comidas diarias para ser conscientes de lo que comemos y planificar un menú semanal saludable.

Existen muchos alimentos que, además de reportarnos múltiples beneficios, sacian nuestro apetito y nos permiten disfrutar de su sabor. Por eso, te recomendamos las siguientes pautas de alimentación para comenzar una dieta más equilibrada.

1.    El desayuno es muy importante

Para todos es conocida la importancia del desayuno para encarar el día con energía. Sin embargo, opciones como un bol de cereales, con mucha cantidad de azúcares, no son las mejores para cuidar la salud o perder peso. Levantarse y desayunar o esperar un rato es igual de válido. Si se opta por los alimentos adecuados. 

Café con leche o té y una rebanada de pan integral de centeno con palta y queso fresco.

Café con leche o té y un huevo revuelto con dos fetas de jamón.

Para los que les gusta el desayuno dulce: bol de queso fresco batido o yogur natural con una cucharada de nueces, media de frutos rojos y copos de avena y centeno.

2.    La verdura como base de la alimentación

A la hora del almuerzo, no es necesario recurrir a la pechuga de pollo a la plancha y a la verdura hervida para cuidarse. Podés incorporar la tan nutritiva verdura en ensalada, al horno, a la plancha, hervida, en crema o acompañando a una ración de proteína de origen animal (carne, pescado o huevo) o vegetal (legumbres, tofu, seitán, etc).

3.    Los carbohidratos

Respecto a la pasta, arroz, papas, etc,…podemos añadirlos perfectamente, pero teniendo en cuenta que la verdura debe ser la base del plato. Estos alimentos tan recurridos deben consumirse en cantidades menores. Algunos platos que podemos diseñar son los siguientes:

Salmón con verduras.

Muslo de pollo con verdura asada y humus de acompañamiento.

Ensalada de espinacas frescas con quinoa y tofu.

Lentejas estofadas.

Calabacín relleno de verduras y gambas.

Crema de calabaza con huevo picado por encima.

En la cena debemos recordar la misma premisa y acompañar las verduras de proteínas animales o vegetales. Si llevamos a cabo un entrenamiento de alta intensidad a última hora del día podemos añadir patatas asadas o arroz o cuscús para aportar una mayor cantidad de nutrientes a nuestras cenas. Podemos optar por tortilla de espinacas, ensaladas variadas con manzana o rollitos de calabacín con salmón.

4.    Evita los snacks poco saludables entre horas

5.    Los aperitivos de media mañana y merienda nos evitan llegar con mucha hambre a las comidas principales. Siempre y cuando sean alimentos saludables como las nueces, una pieza de fruta o un yogurt, no hay ningún problema con ellos.

Esta nota fue publicada originalmente en el sitio Marie Claire España.

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