Novedades, clásicos y la elegancia camaleónica de Babasónicos para su “show de todos los shows”

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“Gracias hermanas, gracias hermanos por festejar la era ‘Discutible’ con nosotros”. Adrián Dárgelos no apeló al lenguaje inclusivo para saludar a su público, pero a continuación Babasónicos interpretó el rock dinámico de “Trans-Algo”, en el que el vocalista exige respeto y redención sin necesidad de poner acentos sobre las “e”: “Y procurá no hablar así de esa manera despiadada con que desprecias a los trans… no ves que soy uno de tantos que anda buscando libertad”, cantó y disparó en muchas direcciones. Porque aunque parezca estar hablando de una cosa, en realidad develó su naturaleza como performer y, por si todavía alguien no se enteró, refirió al carácter y la elegancia camaleónica de la música de su banda.

Fue en el Hipódromo de Palermo la presentación oficial de su último álbum de estudio, “Discutible”, editado en octubre del año pasado. Es poco habitual que produzcan un show propio de estas dimensiones y al aire libre, lo que le daba marco de “cita obligada”: se esperaban a unas 20 mil personas que de a poco y durante la tarde fueron llegando, teniendo la oportunidad de testear a algunos de los talentos jóvenes del underground actual. Ibiza Pareo, Conociendo Rusia, Ca7riel & Paco Amoroso y Juan Ingaramo animaron las primeras horas del “Festival Discutible”, coronado con la aparición de Babasónicos, a casi treinta años de su formación.

En los meses previos se vendió como “el show de todos los shows” y se advirtió que constaría de tres actos de 45 minutos y 10 canciones cada uno. Para reafirmar la idea y borrar el factor sorpresa, la banda auto-spoileó el contenido de las primeras dos partes, por lo que todos, o casi, ya sabían lo que irían a escuchar. En la práctica, los “actos” no tuvieron nada de conceptual ni un guión demasiado marcado; apenas unas ligeras modificaciones en la puesta en escena y la iluminación.

El territorio se dividió en “campo fan” y “campo general” -además de dos plateas laterales-, siendo el primero una especie de corralito vip. Lo paradójico es que las denominaciones se percibieron invertidas: del lado “fan” hubo mucha quietud y silencio ante el repertorio estrenado, mientras que del otro lado del vallado llegaba el rumor de una marea de personas en agite constante.

Babasónicos, en tanto, no escatimó energía ni talento al servicio de su arte, pese a algunos desajustes en el sonido que apenas molestaron. Plantados sobre una tarima alta que los hacía visibles desde cualquier ángulo, supieron integrar lo más nuevo entre su cosecha de hits: al comienzo con “Ingrediente” -un pop androide con destellos funky, último corte de difusión- le siguió una balada añejada como “En privado” y luego, “Bestia pequeña”, otra de las novedades.

El fuerte del show estuvo precisamente ahí, en la reinterpretación de la decena de temas que componen “Discutible”. Sobresalieron “Adiós en Pompeya”, una pieza lenta que brilla en los detalles setentosos de la guitarra de Mariano Roger y los coros en falsete de Diego Rodríguez que calan hondo; la distorsión que aceleró el bloque “Cretino” / “Orfeo”; y “La pregunta”, basado en la pericia rítmica de Diego Tuñón -teclados-, Panza Castellano -batería-, Tuta Torres -bajo- y Carca -percusión-. Así, le dieron forma a ese techno pop magníficamente inusual, de recovecos llenos de silencios y guiado por un pulso mínimo, sostenido y machacante que va creciendo por las retóricas y los detalles que se van agregando, hasta que asciende a su Everest coral: “Quiero que pensemos la pregunta y que nos la dejen preguntar”, cantaron los siete babasónicos al unísono y vieron su deseo multiplicado por la multitud.

Para los más nostálgicos, apenas si hubo dos paradas en los años 90s: una versión madchester de “Sobre la hierba”, de su primer disco “Pasto” (1992); y la polvareda western que levantó “Desfachatados”, fechada en 1999. En tanto, el resto de lo retrospectivo fue de este siglo, con mucho espacio para las canciones de “Jessico” e “Infame”, acaso sus dos álbumes más exitosos: “El loco” -que se había enlazado con “Vampi”-, “Putita”, “Pendejo” y “Fan de Scorpions”, entre las más celebradas.

“¿Dónde está mi gente? ¿Cuál es mi gente? ¿Cuál es la gente de los Babas?”, azuzó un Dárgelos locuaz como pocas veces. Acostumbrado a ahorrar demagogia y palabras entre canciones, la multitud a sus pies le modificó la habitual parquedad que es parte de su encanto, para revelarse sonriente. No era para menos: en una época de rock en recesión, Babasónicos logró una vez más el milagro de reinventarse, zafar de sus propios trucos y seguir agrandando a su propia tribu de creyentes.



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